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Somos feos

Somos feos

           Mire usted que somos feos, pero con ganas; no, no me refiero a aquella fealdad que inspira gestos de indiferencia y aun miedo, ya sea en las fiestas infantiles o en las discotecas –de esa fealdad ya hablaremos luego-, hablo de ser feo en términos morales. Me explico: uno conscientemente sabe que una cosa anda mal y puede que hasta se manifieste en contra, pero a la primera de cambio uno mismo, ya sea por conveniencia o simple capricho, voltea la tortilla y a otra cosa mariposa. Y mire que hasta da miedo ver cuantos de nosotros nos hemos convertido en una especie de Dr. Jeckyll y Mr. Hide en menos de lo que canta un Gallo. Muy a propósito, uno se acordara, ya hablando de política, que un conocido político nacional propuso, muy al calor de la campaña, la coyuntura y tal, colocar una muralla en la frontera con un vecino país para evitar que los chorizos foráneos hicieran turismo de aventura en nuestra inocente y desprevenida Llajta –no se si lo irónico del asunto haya sido que el político de marras en cuestión haya auspiciado pocos años atrás una integración plena con el mentado país, o si será mas bien trágico que en ese entonces algunos medios de comunicación y algunas bienintencionadas personas atizaran un odio generalizado con el gentilicio de aquel hermano país o que, finalmente, se haya sugerido imitar una cuestionable salida, sembrar un muro físico para cosechar un abismo despreciable entre 2 grupos de seres humanos, con todo lo que nos ha enseñado ya la Historia. Esas cuestiones se me vienen a la cabeza exactamente para precisar, pues eso, que somos feos, pero feos del nabo y con mentalidad garbancera; que es lo mismo que decir que es una cosa de nunca terminar.

            Y no solo hablamos de esos políticos que les da lo mismo la derecha que la izquierda –macho, que no importa ni la ideología ni el método sino el funesto medio para subirse al tren- o de esos que no les importe “cruzar ríos de sangre” con tal de hacerlo en yate. Hablo también de nosotros: simpáticos habitantes de nuestro florido paisanaje y bienintencionados mal pensantes. Digo esto porque hace no mucho oí a un dirigente del transporte la interesante ocurrencia de que de ahora en adelante los conductores, para preservar su seguridad ante la ola de asaltos que asola la ciudad, irán armados y que esta vez ya no responden por sus acciones; y lo hace tan suelto de cuerpo y con la serenidad de quien no ha pateado el tarro. Y uno, en el afán de entender tan insólito anuncio, ha de preguntarse si el tipo habla en serio o anda en patota, si se ha fumado algo o si es harto excéntrico y se le ha infiltrado la clorofila al cuesco, o si es un estudiado ardid para disuadir a los amigos del cocido ajeno. Uno, de principio, opta por no creerle para consolar la conciencia, -que ya me lo estoy viendo venir: pasarnos de los tradicionales bocinazos o mentadas de madre a batirse a duelo por un quítame esas pajas cotidiano (esta vez ya sin 12 pasos, ni protocolo de honor)-; no, pero si es que, como todos sabemos, la violencia se combate con violencia, sobre todo en las ciudades y entre valientes ciudadanos, eso lo sabe cualquiera que haya visto una película de Charles Bronson.

            Que se sepa el racionalismo, el dialogo inteligente, la critica constructiva o la sana política de implantar soluciones a mediano o largo plazo no van con nosotros; mas nos seduce lo inmediato, lo feral y lo contundente. Aquella Bolivia siniestra, que algunos cantamañanas se empeñan en llamar profunda, que sufrieron y sufren nuestros padres, anda todavía muy viva y coleando, que la era digital o las pantallas planas no nos lleven a errores. Usted me perdonará, pero creo sinceramente que somos feos, y es que esta nuestra irrefrenable porfía por andar buscando culpables antes que soluciones, que debemos solucionar los problemas guiados por nuestros sentimientos mas básicos, nuestras creencias mas abyectas y nuestros estados de animo, o peor, de andar nombrando capitán general al matón de turno, de jalear por el primer mangante que nos venda la moto verde, no solo afean el panorama presente, sino también el que hemos de dejarles a nuestros crios.     

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